Nike: cuando una marca pierde su alma por obsesionarse con crecer

Durante más de seis décadas Nike fue sinónimo de innovación deportiva, cultura urbana y conexión emocional con generaciones de consumidores. Su slogan “Just Do It” y el icónico Swoosh no eran solo símbolos comerciales, sino parte del imaginario colectivo de deportistas y aficionados por igual.

Sin embargo, en 2024 y 2025, la compañía se enfrentó a una de sus mayores caídas en la historia: una pérdida de cerca de 27 000 millones de euros en capitalización bursátil en un solo mes y un desplome profundo de su relevancia cultural y comercial.

De icono cultural a empresa desconectada

El fenómeno que describen analistas es compartido: Nike dejó de conectar con las personas a medida que centró su estrategia en el crecimiento cuantitativo y la reestructuración interna descuidando la conexión emocional con su público. Desde mediados de la década de 2010, las ventas se habían ido reduciendo gradualmente, pero fue en junio de 2024 cuando esa tendencia se cristalizó en un fuerte revés bursátil y de mercado.

Tradicionalmente, Nike construyó su éxito en tres pilares: éxitos deportivos, narrativa icónica y cultura. Combinar campañas memorables (con atletas legendarios o mensajes motivadores) con innovación técnica en productos creó un vínculo profundo con sus consumidores. Sin embargo, cuando la empresa comenzó a priorizar estrategias internas de crecimiento —como reestructuraciones operativas, reducción de presencia minorista y un modelo de venta directa al consumidor (direct-to-consumer)—, muchos de estos elementos esenciales quedaron relegados.

Estrategias que erosionaron la identidad de marca

Nike apostó fuertemente por el canal digital y la venta directa, una tendencia que muchas empresas han abrazado. Pero esta transición también implicó reducir el número de socios minoristas tradicionales, disminuyendo la presencia física de la marca y su interacción con los consumidores. Sin tiendas, sin experiencias presenciales y con productos disponibles solo en su plataforma digital, la marca perdió parte de la experiencia comunitaria y cultural que había construido durante décadas.

A su vez, la reducción de campañas de branding emocional y aspiracional —como aquellas vinculadas a grandes eventos o atletas de élite— en favor de acciones más centradas en la conversión inmediata de ventas ha sido percibida como un debilitamiento de su alma de marca. Este tipo de campañas no solo generan ingresos rápidos, sino que fortalecen la conexión emocional, algo que Nike ha dejado en segundo plano.

Competencia más ágil y culturalmente relevante

Mientras Nike enfocaba esfuerzos en transformar su modelo de negocios, otros competidores supieron leer mejor las señales del mercado. Marcas como Adidas, New Balance, On Running o Lululemon capturaron la atención de segmentos clave, especialmente consumidores jóvenes y urbanos, ofreciendo propuestas frescas, colaboraciones culturales y presencia más fuerte en experiencias físicas.

Además, Nike ha enfrentado desafíos adicionales en mercados estratégicos como China, donde su relevancia cultural se ha erosionado frente a marcas locales que entienden mejor las tendencias y valores de los consumidores jóvenes.

En un entorno global cada vez más segmentado y sensible a la identidad local, un mensaje homogéneo global —centrado en valores “occidentales” — ha demostrado ser insuficiente para competir eficazmente.

El riesgo de perder el propósito

El problema de Nike no es exclusivamente financiero o estratégico desde el punto de vista de canales: es de identidad, de volver a poner en valor un propósito reconocido y compartido. Una marca icónica vive no solo de sus productos, sino de lo que representa en la mente de las personas. Cuando ese significado se diluye, incluso con productos técnicamente buenos o reconocibles, el vínculo con la audiencia se debilita.

Por ejemplo, en segmentos como la cultura sneaker o en competiticiones deportivas, los consumidores buscan autenticidad y narrativa, no solo transacciones digitales eficaces. El desplazamiento de Nike hacia estrategias centradas en eficiencia y control de canales ha tenido el efecto secundario de despojar a la marca de parte de su identidad emocional y cultural, lo que se traduce en menor preferencia, menor visibilidad y, con ello, menor crecimiento real.

Frente a estos desafíos, Nike ha intentado recuperar impulso bajo el liderazgo de su nuevo CEO, Elliott Hill, con estrategias orientadas a fortalecer la conexión con el deporte real y el rendimiento, apostar por productos técnicos y reposicionar su marca. Aunque algunas categorías —como el calzado para corredores— han mostrado crecimiento, la recuperación es parcial y lenta, y sigue sin abordar de raíz la desconexión con la cultura y la identidad que una vez la hicieron incomparable y única.

Conclusión

La crisis actual de Nike demuestra que incluso las marcas más grandes no pueden sacrificar su conexión cultural y emocional con el consumidor en aras de la eficiencia o el crecimiento a corto plazo. En un mundo donde las audiencias buscan autenticidad, pertenencia y significado, la marca que no cultiva su propósito más allá del producto está destinada a perder relevancia.

Para Nike, recuperar esa conexión no es solo una estrategia de marketing: es una reconstrucción de su alma narrativa, de su identidad y su propçosito que debe ser reconocible y estar presente en las tiendas, campañas y en la cultura de sus consumidores.

El poder de las redes sociales: ¿soy lo que publico?

Como bien dijo Pau Solanilla en su libro La República de la Reputación: “Dime con quién conectas, y te diré quién eres”.

La anterior premisa es la innegable realidad social en la que vivimos, en la que cada ciudadano es empresario y embajador de su marca personal. Todos, de una manera u otra manera, nos relacionamos en un mundo totalmente digitalizado, hiperconectado e hipersensible, en el que nada se esconde y todo se sabe.

Sin importar si se gestiona o no, absolutamente todos poseemos una marca, que, a su vez, es el reflejo de la forma en que hacemos las cosas, de comportarnos, de relacionarnos y de ser con los demás.

Inclusive, somos los máximos responsables de todo el contenido que se genera en nuestras redes sociales. De todo lo que se publica, se comparte, inclusive, lo que permitimos que otros publiquen en nuestro espacio… en lo que podríamos llamar “nuestra casa social”.

Economía de la reputación

La economía de la reputación es una nueva e imparable disciplina social, que ya no solo vincula a las grandes empresas. También involucra a los emprendedores, a las Pymes y, por supuesto, hoy más que nunca a las personas.

Nuestra reputación no nos pertenece, simplemente podemos construirla, protegerla e impulsarla.

Esto porque yace en las percepciones que hemos desarrollado en los demás de nosotros, con nuestra realidad, comportamiento, actuaciones. En este caso específico, con lo que publicamos y con quién conectamos en redes sociales.

Todos estamos inmersos en un mundo digitalizado e impulsado por el poder de las redes, en el que no es necesario estar presente en una plataforma digital para que se hable de nosotros. Aunque no estemos en alguna red, siempre se podrá hablar de nosotros.

¡Cuidado con lo que publica!

Ante este escenario, cuando publicamos comentarios, vídeos, fotografías o compartimos publicaciones de terceros estamos construyendo nuestra “huella digital”.

En otras palabras, estamos generando percepciones de cómo quiero que me perciban. Sea como persona o profesional, porque nos guste o no, la actualidad dicta que una es inherente a la otra.

La famosa excusa de “cuentas privadas o personales” solo existen en la cabeza de las personas.

Esto porque en el mundo digital no se puede esconder nada, o al menos, no por mucho tiempo.

Cuando hacemos un post o compartimos, generamos un tuit, o simplemente nos expresamos estamos comunicando la forma en que queremos ser percibidos y reconocidos por todos.

¿Yo soy la marca?

Cada persona está a cargo de trabajar el marketing de su marca personal. Eso sí, adquiere diferentes dimensiones en las personas que son conocidas como “figuras públicas”.

Por ejemplo, si somos empleados de una empresa, inmediatamente nos convertimos en representantes de la misma.

Muy a pesar de que digamos “es mi cuenta personal”, resulta que nuestro “comportamiento digital” siempre tendrá un ligamen con la empresa y su cultura corporativa, con sus valores y políticas de cumplimiento ético.

Similar sucede si somos trabajadores independientes o dueños de nuestra propia empresa. Inclusive es más riguroso, porque nuestra conducta es juzgada directamente por el consumidor, cliente y empleado, mismos que juzgan y sentencian con la inmediatez de un clic.

El margen es mucho menor, porque antes de contratarnos para un servicio, adquirir mi producto o finiquitar un acuerdo comercial nos harán un fuerte escrutinio sobre nuestra huella digital.

Esto para saber con quién van a tratar, a quién le van a comprar un producto, o con quién se van a asociar, y todo esto sucede en las plataformas digitales.

Nuestra “huella digital”

Inclusive, y aunque existen diferentes políticas y leyes de contratación para las empresas, lo cierto es, que todas, adicional al Curriculum Vitae, hacen una evaluación de nuestra huella digital, nos buscan en las redes sociales.

También hacen un importante análisis del perfil de la persona que estarían por contratar y va a representar a la empresa.

El último informe de InfoJobs sobre redes sociales, indica que una de cada cinco empresas encuestadas reconoce haber descartado a un candidato por su actividad en redes sociales. Y una de cada dos (49%) afirma revisar el perfil de Instagram antes de contratarlo.

Las redes sociales más consultadas son LinkedIN (84%) y Facebook (72%). Pero es muy probable que esta medición varíe para este 2022 con la evolución de TikTok, Twitch y otras redes que ascienden con mucha fuerza y hoy son determinantes.

Según el informe, los principales motivos de descarte por parte de las empresas son:

  • Incoherencia entre lo que comenta el profesional en la entrevista y lo que publica en sus perfiles (56%)
  • Las fotos publicadas (47%)
  • Faltas de respeto (36%)
  • Faltas graves de ortografía en sus publicaciones
  • Hablar mal del jefe o los compañeros de la empresa anterior de trabajo (34%).

En el caso de las figuras públicas va más allá, porque, quieran o no, adquieren una responsabilidad social con su público y sociedad en general.

Ellas influyen en la toma de decisiones de las personas, sea para adquirir un producto, contratar un servicio, apoyar causas sociales, políticas, entre muchas otras, pero este tema lo podemos ampliar en otro artículo.

Analizar, pensar antes de publicar

El previo análisis sobre lo que se publica en el ecosistema digital es elemental y obligatorio.

Un vídeo que consideremos “divertido” en TikTok, una fotografía que podría generar muchos “likes” en Instagram, un simple tuit con una opinión sobre cualquier tema… debe tener un sentido coherente con la percepción que deseamos tengan los demás de mí.

Ese análisis previo nos genera un valor diferencial sobre los demás, por lo que preguntarnos: ¿cuál percepción voy a generar con lo que voy a publicar?

Y además: ¿es así como quiero ser percibido por la sociedad? La respuesta podría definir nuestro futuro profesional, así como personal.

Aquel viejo discurso de “no importa que hablen bien o mal de mí, lo importante es que se hable de mí”, ya no es válido, no es rentable.

Más bien es peligroso y nos expone a un fuerte castigo social y profesional, lo que para una empresa sería perder su licencia social de operación.

“La marca es el perfume que usas, la reputación, el olor que dejas”, Alfonso Alcántara.

Artículo publicado por José Pablo García Roldán en el diario www.observador.cr

10 consejos para la gestión reputacional de los establecimientos turísticos

Las redes sociales es el lugar donde se construye o se destruye la reputación de una marca. Algo que es especialmente relevante para los establecimientos turísticos, donde los comentarios negativos pueden dañar irremediablemente la reputación de un hotel o un restaurante causando un importante impacto financiero e incluso comprometiendo la sostenibilidad del negocio.

La reputación on-line constituye hoy un must en la gestión turística y por lo tanto requiere de una planificación y gestión profesional de la misma. Ya no es suficiente con saber gestionar el negocio sino cuidar y proteger su identidad pública, esto es, su posicionamiento y atributos en mercados conversacionales e hiperconectados. De acuerdo con expertos del sector turístico como Expedia, las valoraciones on-line de los clientes o usuarios que puntúan entre un 4 y un 5 de valoración positiva, generan más del doble de conversión que aquellas que se sitúan entre un 1 y un 2, y cada punto en que se incrementa la valoración tiene un impacto entorno añ 9% en el precio de la tarifa de los servicios. Así pues, contar con una buena reputación tiene un impacto directo sobre la rentabilidad del negocio.

Muchos grupos turísticos cuentan ya con equipos de comunicación o personas que velan por la reputación y la imagen de sus empresas. Sin embargo, no siempre la gestionan de manera eficaz o profesional. Proteger la reputación no depende tanto del presupuesto de una compañía o de un establecimiento turístico, como de las habilidades de gestionar de forma empática e inteligente la identidad pública. Es por ello que Reputation Republik recomienda tener en cuenta el decálogo de la gestión reputacional on-line:

  1. La reputación no es responsabilidad del departamento o responsable de comunicación, es una tarea de todos y cada uno de los colaboradores de la empresa. Cualquier punto de contacto es una oportunidad para ganar o erosionar la reputación y cada uno tiene una responsabilidad para hacer que la experiencia del cliente sea memorable.
  2. La gestión de la imagen y la reputación de una empresa o establecimientos turístico no se improvisa, se gestiona. Para ello, debe existir una estrategia, planificación, formación y gestión inteligente de la misma creando y reforzando los valores de la empresa. Cuando existe un problema reputacional, todos deben saber cual ha de ser su rol y la forma de reaccionar y gestionarla.
  3. Es imprescindible escuchar y monitorear en tiempo real que se dice de nosotros tanto en redes sociales como en medios o micro-medios digitales y conversar con los clientes agradeciendo los comentarios, ya sean positivos o negativos.
  4. En caso de comentarios negativos es importante reaccionar rápidamente y de forma empática con el cliente. En caso que las quejas sean fundadas, es bueno disculparse por el inconveniente y comentar las medidas correctoras que se van a tomar. Una forma de evitar esos comentarios es solicitar una valoración antes de que abandone el establecimiento si es posible.
  5. En ningún caso hay que discutir con el cliente en las redes sociales abiertas o tomarse de forma personal los comentarios. En la medida de lo posible hay que invitar al cliente a conversar de forma privada.
  6. Replica o da visibilidad a los comentarios positivos de los clientes y sigue conversando con ellos, son los mejores prescriptores de tu negocio. Las encuestas de satisfacción on-line pueden ser útiles pero tienen poco un bajo grado de respuesta.
  7. La persona o personas que gestionan los perfiles públicos e interactúan con los clientes o potenciales clientes deben formarse en conocer los servicios y valores de la compañía. Deben escribir con propiedad y gestionar de forma empática las conversaciones o interacciones con un lenguaje positivo.
  8. Conversar forma parte de la experiencia del cliente por lo que hay que personalizar las respuestas y evitar los mensajes precocinados y repetitivos.
  9. Crear contenido y participar en conversaciones te ayudará a aumentar tu reputación online. Contar y distribuir historias es una buena forma de generar engagement con tus públicos de interés. Las historias generan lazos emocionales y las buenas historias se comparten. Pero atención, son las personas las protagonistas de las historias, no es la empresa.
  10. Colabora, comparte y mejora. Las informaciones interesantes que veas compártelas y genera valor compartido. Aprende de los demás. No tienes que generar tú solo todos los contenidos.

 

Internet es un extraordinario escaparate global para un establecimiento turístico, pero vale la pena recordar que la reputación es mucho más que lo que hacemos o contamos en las redes sociales. Es la consecuencia de cómo desplegamos con coherencia el conjunto de acciones que realizamos dentro y fuera de la red, esto es, en el mundo online y en el mundo off-line, en definitiva, cómo nos relacionamos con el entorno.

 

La reputación es fundamentalmente cómo nos perciben los demás, por lo que una adecuada gestión de nuestra imagen pública es importante para proyectar confiabilidad. Hoy se valoran especialmente aquellos perfiles que proyectan una imagen acorde con los valores e ideales que proclaman en las diferentes comunidades en las que interactúan.